Camacéntricos

No es ningún secreto: me cuesta levantarme de tu cama. Es como si una fuerza incontenible me atrayera para sí, para ti. Como si siempre quisiera un poco más aunque esté exhausta. Como si fuera presa de un hechizo que me impidiera salir de tus sábanas, de los aromas, de tu cuerpo. De nosotros.

Y nos robamos alegremente las horas sin atisbar el mañana. En esa cama tuya no existen ni los segundos, ni los minutos, ni las horas. Esquivamos el tiempo, al modo de los brujas y los magos. Una carcajada tuya podría durar siglos y yo, cual idiota, me quedaría embelesada mirándola sin darme cuenta del que el pelo me empieza a canear y las curvas se convierten en colgajos. No te rías. Podría suceder. Todo está nublado y clareado. Es como un sueño invertido. Si es que existe ese concepto, si no, me lo acabo de inventar. La situación exige de un nuevo vocabulario, al igual que prescinde de cualquier patrón de conducta anterior. Todo es nuevo y fascinante aunque se repita. Algo nuestro. Un juego serio.

Sí, un juego pero no porque no sea de verdad. Porque si tengo una certeza clara en este mundo de dudas es que te quiero y que es real, por mucho que empeñes en dudar de mi existencia. Pero es un juego porque, muchas veces, irremediablemente y de forma irracional, volvemos a ser niños. Juntos. Lo que me gusta es que no es pretendido. Somos libres y hacemos lo que nos da la gana. ¿El límite? Lo que no alcance nuestra imaginación. En momentos, egoístas y podemos volar como lo hacían Wendy y Peter. Niños que hacemos cosas de mayores, sin perder la magia. Cómplices de saber algo que los demás no saben, de un secreto de los gordos.Un secreto que creemos que nadie puede entender. Como si ya hubiéramos encontrado la ubicación exacta del tesoro de Long John Silver. Solo nosotros. Lo hemos garabateado en un papel y nos lo hemos tomado con el café de la mañana. Con un plátano y una flor como únicos testigos.

Estamos en nuestro centro de juegos y fuera hace frío. Dentro solo ganamos. Fuera, es diferente. Es de adultos. Se puede ganar y se puede perder. Pero el sabor de la pérdida es más dulce sabiendo que me esperas entre tus sábanas con la luz encendida. El 2012, según el calendario del mundo de los adultos, viene duro con mucha inestabilidad. Con oportunidades y sueños por hacer realidad, con trabajo duro por delante. Con momentos de satisfacción y alguna que otra, puede que más o puede que menos, pérdidas. Una montaña rusa de inquietudes que quiero poner en orden. Pero si de algo estoy segura, con la brújula de la constante inconstancia en la mano, es que todo esto, bien sea debajo de tus sábanas o bien en el mundo de los adultos, quiero vivirlo contigo.

Esta entrada fue publicada en Lugares, Personas, Reflexiones. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s